¿Podría el Perú aplicar políticas sociales similares a las de El Salvador de Bukele? Una reflexión desde el “Germen de la Corrupción”
En los últimos años, el presidente Nayib Bukele ha logrado algo impensado en El Salvador: disminuir drásticamente los niveles de violencia, recuperar territorios históricamente tomados por pandillas y transformar la percepción internacional de su país. Su estilo —una mezcla de comunicación directa, autoridad política y decisiones de alto impacto— ha generado un debate mundial: ¿es este el nuevo modelo latinoamericano de gobernanza efectiva?
La pregunta es inevitable:
¿Podría el Perú aplicar políticas sociales similares a las de El Salvador de Bukele?
Para responder, debemos revisar primero nuestra propia historia, un punto que desarrollo ampliamente en mi obra ¿El Perú nació corrupto o lo corrompieron?, y que el documento introductorio El Germen de la Corrupción revela con claridad: la raíz de nuestros problemas actuales no es reciente, sino estructural.
El Salvador y Perú: dos realidades distintas, retos similares
El Salvador enfrentó por décadas una violencia extrema que desbordaba toda capacidad estatal. El Perú, aunque no vive una situación equivalente, sufre otra forma de deterioro: la fragmentación institucional, la corrupción endémica y la ausencia de liderazgo sostenido.
Bukele, a través del llamado “modelo de control territorial”, combinó políticas sociales, infraestructura, programas comunitarios y un enfoque firme contra el crimen organizado. No se trató solo de mano dura, sino de construir un nuevo relato nacional:
la idea de que El Salvador sí podía cambiar.
Ese relato fue reforzado por una comunicación estratégica que rompió con los moldes tradicionales. Bukele utilizó la narrativa digital para liderar, persuadir y movilizar.
¿Puede replicarse ese modelo en el Perú?
Desde un enfoque comparativo moderado, la respuesta es: solo parcialmente.
Lo que sí podría replicarse
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Una comunicación política clara, directa y coherente, alineada con los intereses del ciudadano y no con las élites políticas.
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Programas sociales focalizados en jóvenes de zonas vulnerables, especialmente en educación, habilidades digitales y empleabilidad.
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Un relato de país, una narrativa motivadora que recupere la confianza pública en la autoridad.
Podcasts como “The Ezra Klein Show” (episodio sobre narrativas políticas), “Democracy Works” y “La Mesa Política” coinciden: las transformaciones profundas comienzan por cambiar la conversación colectiva.
Lo que NO podría replicarse fácilmente
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El nivel de concentración de poder que Bukele ha logrado mediante reformas constitucionales.
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La cohesión social salvadoreña en torno a un enemigo común (las pandillas), algo que en Perú está disperso entre múltiples fuentes de descontento.
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La débil institucionalidad peruana, cuya fragilidad fue construida a lo largo de siglos, como detallo en mi libro y se evidencia en el archivo “Introducción al Germen de la Corrupción”.
Nuestro problema no es solo de seguridad; es cultural, histórico y sistémico.
Comunicación, liderazgo y la raíz del problema
El documento Introducción al Germen de la Corrupción lo deja claro: desde la colonia se sembró un ADN social basado en desigualdades extremas, abusos de poder y la normalización del soborno. Con la República, este germen no desapareció: mutó.
Por ello, antes de adoptar modelos ajenos, debemos preguntarnos:
¿Tiene el Perú líderes con autoridad moral suficiente para ejecutar reformas de alto impacto?
¿Existe una ciudadanía dispuesta a sostener esos cambios en el tiempo?
¿Tenemos instituciones capaces de resistir la presión de intereses corruptos?
La respuesta, aunque incómoda, es: todavía no.
Pero podemos construir ese camino.
¿Qué debería hacer el Perú? Tres claves desde la comunicación y el liderazgo
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Fortalecer la ética pública desde la formación escolar. Ningún modelo será sostenible sin ciudadanos con pensamiento crítico y cultura cívica.
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Crear un sistema de selección meritocrático para cargos públicos, transparente y evaluado por organizaciones independientes.
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Desarrollar líderes capaces de comunicar con claridad, firmeza y propósito, algo que El Salvador ha demostrado de manera magistral.
Como decía Max Weber en La política como vocación:
“No se hace política con la mera pasión; se hace con responsabilidad.”
Y como recuerda Yuval Noah Harari en el podcast Talking Politics:
“Las sociedades cambian cuando cambian sus relatos.”
Conclusión: más que copiar modelos, necesitamos reconstruir nuestra integridad nacional
El modelo Bukele ofrece lecciones —algunas inspiradoras, otras polémicas—, pero el Perú no puede simplemente importar soluciones. Debe comprender primero su propio “germen”, su propio origen de ruptura moral.
Por eso escribí ¿El Perú nació corrupto o lo corrompieron?: para ofrecer una mirada honesta a esa raíz histórica que todavía condiciona nuestra vida política.
Si no enfrentamos ese origen, ninguna política social —ni salvadoreña, ni peruana— será sostenible.
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Una mirada profunda a nuestra historia, nuestras heridas y las posibilidades de un futuro distinto.
Hugo Rojas
Comunicador, coach y autor de El Germen de la Corrupción


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