En la gestión pública, empresarial o social, existe una expresión popular que describe con crudeza muchos proyectos mal concebidos: “Partida de caballo y frenada de burro”.
Inician con fuerza desbordante, discursos encendidos, metas ambiciosas y un despliegue acelerado de recursos… pero con el tiempo se diluyen, se agotan o se detienen bruscamente, dejando frustración, desgaste y resultados incompletos.
Los proyectos no pueden ni deben encender a toda máquina para luego frenar de golpe. Eso no es liderazgo. Eso es improvisación.
La pregunta es clara:
👉 ¿por qué tantos proyectos fracasan no por falta de ideas, sino por mala gestión del tiempo y los recursos?
La gestión del tiempo: el recurso que no se recupera
El tiempo es el único recurso que no se puede reponer. Un proyecto sin cronograma realista, sin hitos claros y sin evaluación periódica, está condenado a perder rumbo.
Gestionar el tiempo no es correr más rápido, es saber cuándo avanzar, cuándo sostener el ritmo y cuándo ajustar.
Los líderes efectivos entienden que:
- no todo se hace al inicio,
- no todo es urgente,
- y no todo depende de una sola persona.
La gestión de recursos: hacer más con sentido
Los recursos —humanos, financieros, técnicos— deben ser dosificados con inteligencia. Quemarlos al inicio para “mostrar resultados” suele generar:
- agotamiento de equipos,
- dependencia excesiva de personas clave,
- y una caída abrupta cuando el impulso inicial se acaba.
Un buen plan de trabajo no gasta todo al comienzo, invierte progresivamente, mide impacto y corrige a tiempo.
El plan de trabajo: de la intención a la sostenibilidad
Un plan de trabajo serio no es un documento decorativo. Es una hoja de ruta viva, que responde a tres preguntas esenciales:
- ¿Qué queremos lograr realmente? (objetivo claro y medible)
- ¿Con qué contamos y qué nos falta? (recursos reales, no ideales)
- ¿Cómo sostenemos el esfuerzo en el tiempo? (continuidad y evaluación)
Cuando estas preguntas no se responden con honestidad, el proyecto avanza rápido… pero se queda sin aire.
Conclusión
La verdadera gestión no se mide por el arranque, sino por la capacidad de sostener resultados en el tiempo.
El desarrollo —sea territorial, institucional o social— no necesita fuegos artificiales. Necesita visión, planificación y liderazgo consciente.
Porque al final, los proyectos que transforman realidades no son los que parten como caballo, sino los que avanzan con constancia, dirección y propósito.
Hugo Rojas.


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